No hace falta cambiar un espacio entero para verlo de otra manera. En muchas ocasiones, basta con introducir una pieza diferente para modificar la percepción del conjunto, aportar contraste o dar carácter a un rincón que hasta entonces pasaba desapercibido.
Precisamente ahí reside buena parte del atractivo de nuestras antigüedades: son piezas difíciles de repetir y capaces de aportar algo propio al espacio en el que se integran.
3 piezas, 3 formas de transformar un espacio
Hay muchas maneras de introducir antigüedades en una decoración actual. Estas tres piezas son un buen ejemplo de cómo pequeños cambios pueden producir resultados muy distintos.
Una escultura para dar presencia
Colocada sobre una peana, en una consola o incluso directamente sobre el suelo cuando sus dimensiones lo permiten, aporta volumen y ayuda a organizar visualmente el espacio que tiene alrededor.
Además, no necesita demasiados elementos que la acompañen. Dejar aire alrededor de una pieza con personalidad permite apreciar mejor su forma, su material y los detalles que la hacen diferente.
Un cuadro para romper la uniformidad
Un cuadro antiguo no tiene por qué combinar exactamente con el resto de la decoración.
De hecho, en muchos casos resulta más interesante cuando introduce un lenguaje diferente: otros colores, una textura envejecida, un marco con historia o una composición que contrasta con la arquitectura y el mobiliario actuales.
Un espejo para cambiar la perspectiva
Los espejos tienen la capacidad de modificar visualmente un espacio sin necesidad de añadir volumen.
Un espejo antiguo puede aportar profundidad, reflejar la luz natural o introducir una nueva perspectiva en una entrada, un salón o un dormitorio. Además, su marco, sus materiales y el propio envejecimiento del cristal pueden convertirlo en una pieza decorativa por sí misma.
Sobre una consola, apoyado directamente en el suelo o colocado en una pared limpia, puede cambiar por completo la percepción del espacio que lo rodea.
Dar una segunda vida a lo inesperado
Una de las posibilidades más interesantes de trabajar con piezas antiguas aparece cuando un objeto abandona su función original y encuentra un nuevo lugar. Las tejas antiguas son un buen ejemplo.
Con el paso de los años, sus superficies adquieren tonalidades, irregularidades y pátinas que hacen que cada una sea diferente. Precisamente esas características permiten utilizarlas más allá de su función arquitectónica original y convertirlas en elementos decorativos con una presencia muy particular.
Encontrar la pieza adecuada para cada espacio
Hay rincones que sabemos que necesitan algo, aunque no siempre sepamos definir exactamente qué. En esos casos, no siempre hace falta añadir más. A veces se trata simplemente de encontrar una pieza capaz de aportar aquello que falta.
En Marsol e Hijos, como anticuario en Zaragoza, seleccionamos y recuperamos antigüedades pensando también en cómo pueden seguir formando parte de los espacios actuales.
Si tienes un espacio en mente y buscas algo diferente para completarlo, cuéntanos qué necesitas. Podemos ayudarte a encontrar una pieza que encaje por dimensiones, materiales y carácter, pero también por aquello que quieres que transmita.
